SOBRE ESTRELLA

Estrella Flores Carretero nació en Extremadura, España, es escritora, psicóloga clínica y docente.

Ha publicado tres novelas: Duele la noche, Piel de aguaDías de sal.

Formada en la Universidad Complutense de Madrid y especializada en psicología clínica y psicología educativa. Ha realizado diversos másteres sobre psicología transaccional, psicología educativa, trastornos de personalidad, trastornos educativos y dirección de empresas.

Estrella Flores-Carretero

Su pasión por la conducta humana la ha conducido a dedicar su vida profesional a la psicología clínica y a la pedagogía, ejerciendo la docencia tanto a nivel escolar como en el ámbito de la formación de profesores.

Trabaja como directiva en varias compañías y fundaciones del sector educativo en España.

Es directora general del Grupo Educativo Miguel de Montaigne, integrado por distintos colegios privados, donde se ocupa de la gestión pedagógica y la puesta en marcha de proyectos de innovación educativa.

Es fundadora y coordinadora de un Centro de Psicología y Pedagogía en Madrid, ciudad donde reside.

Como escritora, ha sido entrevistada El Mundo, El País, EFE, Diario de Jerez, La Nueva España-Diario Independiente, CNN en Español, Café CNN, CCN Latino, El Nuevo Herald de Miami, TV Venezuela, Actualidad Radio y Caracol Radio.

Duele la noche_Estrella Flores-Carretero
Piel de Agua - Estrella Flores-Carretero
Días de Sal - Estrella Flores-Carretero
2 Comentarios
  1. Responder

    Cesar

    16/11/2017

    En donde se hace el ejercicio que recomienda, Ismael Cala, en el libro “Analfabeto Emocional”

  2. Responder

    HERNANDO SALAZAR PATIÑO

    16/01/2018

    Me paso ordenando o tratando de ordenar los miles de libros que tengo. Nunca termino y cada cierto tiempo vuelvo a comenzar. Sin dejar de renovar por semanas, la mesa de noche con los que leo exactamente, en la idem.
    Pero el tomarlos, tocarlos, moverlos, ojearlos, volverlos a hojear, repasarlos de nuevo, “descubrirlos” o redescubrirlos, separarlos para, por fin, leerlos, o detenernos en unas cuantas páginas de los que ya no recordábamos que estaban todavía en los estantes, volver a colocarlos en el sitio o cambiarles de lugar, hacerlos acompañar de los que se le parecen, por tema o por ser del mismo autor, o por el género, o por la ciencia social a que pertenecen o parecen pertenecer de algún modo, o por épocas, para no revolver ni refundir los clásicos y tenerlos siempre ahí, y porque hacen parte de la literatura de país o un continente.
    Y hasta los que tienen su apartado propio, como el que hacemos los lectores o escritores nacidos o vividos en Provincia, los de la literatura regional, cuyos autores son o fueron nuestros amigos, y por eso hay algunos libros dedicados, o los que los escribieron los tenemos como nuestros antecesores en el medio, o fueron nuestros primeros cánones,
    y si guardamos unos cuantos libros “viejos”, o antiguos, con los que se equivocan los legos tratándolos de “incunables”, aunque lo cierto es que no se consiguen, porque se volvieron a editar, o de editoriales desaparecidas, y por ello son difíciles de conseguir, o los encontramos por azar en librerías de segunda y ni siquiera sabíamos de su existencia o lo sabíamos pero no imaginábamos encontrarlos, o los heredamos, y otros, que más que por su literatura, los adquirimos y los conservamos por curiosidad, pero los limpiamos, y a veces, con discreto regusto posesivo, los mostramos a personas especiales o amigos que nos visitan.
    En fin, hay muchas maneras de ordenar o volver a desordenar la biblioteca, pero estos contactos frecuentes, nunca rutinarios, que hay quienes califican de obsesivos, con los centenares de volúmenes que contienen con resignada resistencia los estantes que rodean las paredes de mi casa, casi por todas partes, son para mí otras formas de leerlos, de releerlos, de decirles que los amo todavía, que aun tienen mucho para decirme y enseñarme y contarme y recordarme,
    y de manifestarles que me hacen sentir vivo, que sigo concediéndoles importancia, que sus textos, tienen un contexto, sí, subjetivo, de antiguas emociones, inexplicables quizás hoy, tantos años después, pero que aclaran y justifican una historia personal, una vocación, una búsqueda que se hizo, una estación del espíritu,
    y que por ello se aclara su existencia, su persistencia en seguir ahí, no como simple objetos, sino con el objeto de dar razón de ser, de pensar y de vivir, al Lector, que los muestra con un discreto, que no secreto orgullo, a los que los miran, o admiran o contemplan o se detienen ante sus títulos, inquiriendo, preguntando o pidiendo opinión, y felices varios de ellos, los de lomo vistoso o los que no se alcanzan a ver o están muy escondidos soportando el peso de otros, de volver a ser mencionados, desentrañados, biografiados, o aludidos, y en veces, deseados, pero su dueño, entre el contento de su exposición solicitada, no deja de lamentarse por los que ya no están, por los perdidos o los siempre ausentes. H.S.P.

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ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
Duele la noche

La nueva novela de Estrella Flores-Carretero

‘Duele la noche’

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