ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
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Coleccionistas de libros

Por el 25/02/2015

El libro, como objeto que es, también se presta al coleccionismo.

Coleccionistas de libros

Mucha gente colecciona objetos: postales antiguas, bastones, plumas estilográficas… El afán coleccionista, dependiendo de su intensidad, puede ser desde una afición saludable hasta una grave patología.

Quienes coleccionan, pongamos por caso, máquinas de escribir y tienen cuatro o cinco en su casa, no más, disfrutan de su afición, aumentan sus conocimientos sobre estos artilugios, charlan acerca de ello con las visitas… Pero si llegaran a tener tantas máquinas que apenas dejaran espacio libre en su hogar, si gastaran más de lo debido en su compra, si se obsesionaran con ampliar la colección a toda costa…, deberían pedir hora cuanto antes con el psicólogo.

Comprar con criterio

En el coleccionismo de libros hay un mundo aparte, que es el del comprador de libros antiguos. Ese bibliófilo erudito, dispuesto a dejarse una fortuna en un ejemplar único o raro, no tiene un afán en el número de objetos, sino en su exclusividad.

Ya he escrito aquí acerca de quienes compran libros compulsivamente, para leerlos o no. Pero existe gente que adquiere libros solamente sobre una determinada temática, y también para leerlos o no. Se da mucho entre los profesionales: el pintor que nutre su biblioteca con exquisitos volúmenes de otros artistas o el maestro que recopila montones de libros sobre pedagogía infantil. En mi caso, compro muchísimas novelas porque me dedico a escribirlas, pero también porque gusta leerlas.

Hace poco he visto un caso curioso que me llamó la atención: el mago Houdini (1874-1926) fue un gran coleccionista de libros de magia. A lo largo de su vida, llegó a acumular casi 4.000 volúmenes sobre ese género.

Sin llegar a tanta exhaustividad, muchas personas aficionadas a la cocina atesoran libros y libros de recetas que saben que jamás cocinarán o incluso me atrevo a decir que no pocos estudiantes compran toda la bibliografía recomendada aunque en su fuero interno sean conscientes de que no piensan ni abrirla.

Los editores saben muy bien de esta debilidad humana por acumular objetos similares y por eso nos ofrecen periódicamente colecciones sobre filosofía o novela negra con una idéntica encuadernación. Nos gusta tener más de lo mismo.

Los libros se pueden coleccionar, igual que cualquier otro objeto, pero tienen otra utilidad: la maravillosa posibilidad de leerlos.

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