ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
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El blog de Estrella

El TELETRABAJO NO REDUCE LA PRODUCTIVIDAD

Por el 14/06/2021

Existen tareas que no pueden hacerse de manera remota. Pienso en las personas que han trabajado duramente en los momentos más difíciles de la pandemia, como los sanitarios, los limpiadores, los dependientes de comercios, los educadores…

Muchos líderes piensan que el teletrabajo supone perder el control, que no funciona y que no quieren ver sus oficinas vacías. 

Es posible que lo hayan aceptado como una solución temporal, por imposiciones de salud, pero no se debe ver como amenaza ni temer a que la normalidad sea un conflicto. 

La presencia física sigue siendo indispensable en muchos ámbitos, pero el trabajo remoto no tiene por qué llevar a algunas empresas a perder nada como complemento en algunas áreas, sino a ganar, siempre que se lleve a cabo de la manera adecuada y completando al presencial si es posible. También es una manera de retener talento.

Controlar sigue siendo necesario. Las personas agradecen la flexibilidad y la posibilidad de conciliar, pero, es imprescindible instaurar sistemas informáticos que habiliten el control y siempre será la empresa quien decida si es o no posible. La pandemia está haciendo que muchos trabajadores den por sentado que seguirán trabajando desde su hogar, y a veces no es posible. 

La empresa no debe mostrar timidez a la hora de crear sus reglas y comunicarlas abiertamente. Y aquellos que, por motivos como el miedo o “riesgo a enfermar” deban teletrabajar, hay que establecer criterios de horarios, de equidad entre los empleados que acuden a la oficina, calendarios igualitarios, sistemas de supervisión para conocer quién está trabajando en cada momento y dónde, objetivos medibles, formación para los empleados que prefieren teletrabajar, etc. 

Cuando el sistema es claro y justo, cuando todo el mundo sabe lo que debe hacer y lo que puede esperar si no lo hace, la productividad no se reduce; al contrario, los trabajadores están contentos de disfrutar de autonomía y lo agradecen con mayor sentido de pertenencia.

Confianza y evaluación. Hemingway decía algo que parece una obviedad, pero que no lo es tanto: «La mejor forma de averiguar si puedes confiar en alguien es confiar en él». Y esto vale también para el teletrabajo. Todos conocemos a gente que se dedica a mirar sus redes sociales, que pierde el tiempo, que se distrae o procrastina durante su jornada laboral. 

Pero eso ocurre tanto en casa como en la sede de la empresa. Unos están realmente comprometidos con su labor y otros se limitan a cumplir un horario presentista sin producir demasiado. Por lo tanto, el lugar es lo de menos y la dedicación no tiene nada que ver con la presencialidad. Lo importante es evaluar a las personas por los objetivos alcanzados y la calidad de su trabajo, no en función de si pasan más o menos tiempo en la oficina. 

Cuidar el contacto. Que haya personas trabajando en remoto no significa que se pierda el contacto. Los equipos tienen que seguir manteniendo reuniones y encuentros presenciales con frecuencia y regularidad o, en caso de imposibilidad, por videoconferencia. 

Esos momentos compartidos no deben ser siempre por trabajo, también son necesarios para mantener la cultura empresarial y el vínculo corporativo. La tecnología nos facilita permanecer en contacto, bien sea por correo electrónico, WhatsApp, teléfono, videoconferencias; aprovechémosla para cuidar las emociones de los demás.

Lo importante es que las personas, aunque no pasen ocho horas juntas cada día, puedan sentir la proximidad del otro, que sepan que todos juntos forman un equipo con un objetivo común. Y no olvidemos que somos seres sociales por naturaleza, traemos de fábrica nuestras “neuronas espejo” que son parte de nuestra empatía, y con ella conseguimos la vinculación. Es lo que nos hace más humanos.

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