ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
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El blog de Estrella

El desafío de trabajar y conciliar

Por el 30/06/2025

Hubo un tiempo no tan lejano, en que la conciliación entre el trabajo, la familia y la crianza no era un tema que se debatiera en cafés, en portadas de periódicos o en informes ministeriales. Simplemente la vida ocurría con una lógica distinta.

Las familias eran más numerosas, el reloj parecía menos tirano y el rol de cada miembro estaba más definido, a veces demasiado, y menos cuestionado. La maternidad y la paternidad eran en muchos casos certezas incuestionables; no decisiones meditadas durante años ni fruto de cálculos económicos o personales. Tener hijos era parte de la vida y jamás una opción que la interrumpiera.

Hoy todo ha cambiado. Vivimos en una sociedad donde la libertad individual ha ganado terreno pero con ella también han llegado la duda, la sobreexigencia y el vértigo de que elegir. La pregunta ya no es solo cómo tener hijos sino si tenerlos.

Y en muchas partes del mundo especialmente en Europa la respuesta se está inclinando hacia el no, o hacia el más tarde, o hacia el tal vez. La socióloga francesa Elisabeth Badinter lo expresó con crudeza donde decía, “hoy, la maternidad se vive bajo la presión de un modelo idealizado y casi imposible, que impone a las mujeres una entrega total sin garantías de retorno”.

La conciliación, ese equilibrio tan frágil entre lo personal y lo profesional, ha pasado de ser una necesidad práctica a convertirse en un privilegio. Las redes familiares de abuelos, tíos y vecinos servían como apoyo natural.

Hoy en cambio, muchas familias viven aisladas, los abuelos aún trabajan o viven lejos y los padres se enfrentan a una carrera contrarreloj para recoger a sus hijos, contestar correos, hacer la compra y con suerte, sentarse a cenar juntos antes de caer rendidos.

La crianza se ha sofisticado también. A la presión laboral se suma la presión emocional: ser buenos padres, informados, disponibles y presentes. Y hacerlo todo mientras se intenta mantener una carrera profesional competitiva y un proyecto de vida individual.

El resultado es que muchas parejas se replantean si quieren o no ser padres, si podrán hacerlo «bien», o si están dispuestos a renunciar a parte de su libertad, su estabilidad económica o su desarrollo personal para conseguirlo. La filósofa Byung-Chul Han ha advertido que “nos explotamos a nosotros mismos creyendo que nos estamos realizando. La crianza se convierte, así, en otra forma de exigencia más, no en un refugio de sentido.”

Las cifras lo confirman. En Europa se está viviendo un declive demográfico sostenido. Las tasas de natalidad han caído estrepitosamente. En países como España, Italia o Alemania, el promedio de hijos por mujer está muy por debajo del necesario para garantizar el relevo generacional.

Y no es que la gente no quiera tener hijos, sino que muchas veces no encuentra el contexto adecuado para hacerlo, a veces por empleos precarios, viviendas caras, horarios inflexibles y falta de apoyo institucional.

Frente a esto, surgen las cuestiones ¿cómo hacemos posible una vida que incluya hijos sin que eso suponga una renuncia dolorosa? ¿qué tipo de sociedad queremos construir si dejamos de lado la infancia? ¿y qué papel juega el Estado, la empresa y la comunidad en todo esto?

Conciliar ya no es solo una cuestión de logística sino una cuestión de futuro.

Tal vez la clave esté en recuperar algo de lo que antes funcionaba como el apoyo mutuo, los ritmos más humanos, la comunidad por supuesto sin renunciar a lo que hemos ganado en igualdad, en autonomía y en derechos.

Solo así podremos volver a poner la vida con los hijos, los trabajos y los sueños en el centro. Como decía Antoine de Saint-Exupéry “el verdadero hombre mide su fuerza cuando se encuentra con el obstáculo”. Y el gran obstáculo de nuestro tiempo es cómo vivir una vida plena sin tener que dejar partes esenciales de uno mismo por el camino.

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