ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

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El blog de Estrella

Ansiedad por el futuro: cuando la mente se adelanta y el alma se agota

Por el 20/04/2026

Vivimos en una época que nos empuja constantemente hacia delante. Todo parece exigir previsión, cálculo, estrategia y anticipación. Nos enseñan a pensar en lo que vendrá, a prepararnos para cada posible escenario, a reducir al máximo la incertidumbre, pero no se nos explica el precio interior que pagamos cuando la mente vive instalada demasiado tiempo en ese mañana que aún no existe.

La ansiedad por el futuro es un sufrimiento silencioso en el que el cerebro intenta protegernos de algo que aún no ha ocurrido y no puede controlar. Por eso, aunque no exista una amenaza real, el cuerpo entra en alerta, la mente se vuelve insistente y la persona sigue funcionando por fuera mientras por dentro no logra descansar intentando controlar lo que no ha ocurrido.

El cerebro está diseñado para protegernos, no para hacernos felices. Ante la incertidumbre activa mecanismos de alerta y de anticipación. Por eso la amígdala puede reaccionar no solo ante peligros reales sino también ante amenazas imaginadas, haciendo que el cuerpo responda como si aquello ya estuviera ocurriendo. Y así se forma un círculo cerrado en el que la persona no solo teme el mañana sino que empieza a padecerlo hoy.

Lo más delicado de este proceso es que deteriora la calidad del presente. Quien vive atrapado en la ansiedad por el futuro no habita en lo que tiene delante. Parte de su energía mental está secuestrada por hipótesis, por suposiciones, por conversaciones imaginarias o por pérdidas que no han llegado. Y mientras tanto, la vida real —esa que solo acontece en el ahora— va quedando al fondo, como si fuera menos importante que todos esos escenarios que la mente fabrica para intentar protegerse.

El cerebro se calma percibiendo seguridad, y la seguridad psicológica se adquiere cuando se aprende a sostener la incertidumbre sin derrumbarse por dentro. Porque cuando el sistema nervioso permanece durante demasiado tiempo en estado de alerta, aumenta la liberación de cortisol y otras sustancias asociadas al estrés.

Esto afecta directamente a la corteza prefrontal, responsable de funciones tan esenciales como el juicio, la planificación serena, la regulación emocional y la toma de decisiones. Dicho de otro modo, cuanto más miedo tenemos al futuro peor pensamos sobre él.

Pero no todo pensamiento es una verdad. El cerebro produce predicciones, posibilidades y simulaciones. Muchas de ellas nacen del sesgo de supervivencia, no de una lectura objetiva de la realidad. A lo largo de la evolución, fue más útil imaginar un peligro inexistente que no detectar uno real.

Ese mecanismo fue valioso en el pasado para la supervivencia, pero hoy, en un mundo donde muchas amenazas no son físicas sino simbólicas, emocionales o sociales, ese mismo sistema puede volverse excesivo y desgastarnos profundamente.

La ansiedad por el futuro habla de nuestra dificultad para confiar, para tolerar lo incierto o para permanecer en el presente sin exigirle garantías imposibles a la vida. Queremos saber qué va a pasar, cuándo, cómo, con quién y de qué manera. Queremos asegurarnos de que nada nos romperá. Pero vivir es precisamente avanzar sin ese tipo de blindaje.

Pensar en el mañana es necesario y prepararse también. Lo dañino es quedarse atrapados en una anticipación que roba paz, claridad y fuerza interior.

Desde una mirada neurocientífica y humana, volver al presente no es una frase bonita, sino una necesidad reguladora. Cuando centramos la atención en lo concreto, en el cuerpo, en la respiración, en la acción inmediata o en lo que sí depende de nosotros hoy, el cerebro recibe señales de realidad.

Sale del escenario hipotético y vuelve al terreno de lo existente. Esa vuelta al presente reduce la hiperactivación emocional y permite que la corteza prefrontal recupere parte de su capacidad de organización, discernimiento y equilibrio.

La ansiedad por el futuro agota porque intenta vivir dos tiempos a la vez: el presente y el mañana. Y el alma humana no fue hecha para sostener permanentemente ese desdoblamiento, necesita descansar en lo real, necesita comprender que muchas veces no se trata de adivinar la vida sino de aprender a habitarla.

Estoy segura de que la paz llega cuando dejemos de exigirle al futuro una seguridad que solo puede nacer dentro de nosotros. Porque la vida no se resuelve adelantándola. La vida se resuelve paso a paso cuando por fin nos atrevemos a vivirla.

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