ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
Duele la noche

La nueva novela de Estrella Flores-Carretero

‘Duele la noche’

Mira el trailer
Compra «Duele la Noche»
Suscríbete por email

Estas siguiendo este blog

Únete a otros 94 suscriptores
el futuro estrella flores carretero
El blog de Estrella

Cuando el futuro no se puede imaginar

Por el 05/01/2026

Durante décadas nos hemos contado una historia sencilla: estudiar, esforzarse, ahorrar y construir un futuro mejor. No era solo un relato económico era un relato emocional, casi biológico. El cerebro humano necesita creer que existe una relación coherente entre esfuerzo y recompensa para sostener la motivación, la esperanza y el sentido de continuidad vital. Hoy, esa narrativa se ha resquebrajado para toda una generación.

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro no vive únicamente en el presente sino que vive anticipando, proyectando e imaginando escenarios futuros. La posibilidad de ahorrar, de acceder a una vivienda, de planificar una vida estable no son solo decisiones racionales sino señales de seguridad para el sistema nervioso.

Cuando esas señales desaparecen, el cerebro interpreta el entorno como incierto y amenazante. Y ante una amenaza sostenida —no puntual, sino estructural— el cerebro se adapta, no desde la lógica económica sino desde la biología.

Los jóvenes de esta generación no han dejado de soñar porque no quieran hacerlo sino porque soñar se ha vuelto costoso emocionalmente. Cuando una persona percibe que, haga lo que haga el futuro no depende realmente de su esfuerzo, el cerebro activa mecanismos de protección y esto no es otra cosa que supervivencia, y el resultado no es otro que:

Un repliegue hacía el presente

La proyección a largo plazo requiere confianza. Imaginar un futuro inalcanzable genera frustración y el cerebro aprende rápido a evitar el dolor. Por eso muchos jóvenes viven más en el presente, priorizando experiencias inmediatas o decisiones a corto plazo.

No es irresponsabilidad sino autorregulación emocional. Viktor Frankl decía que “cuando no podemos cambiar una situación, estamos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos”. El problema es que esta adaptación útil a corto plazo empobrece la visión de futuro.

Una fatiga motivacional

La dopamina que es el neurotransmisor del propósito se activa cuando percibimos avance. Si el progreso no se traduce en estabilidad real, la independencia, la vivienda y la seguridad se debilita, produciendo desmotivación y falta de expectativas.

No hay pereza en esta generación sino cansancio neuronal y, cuando el esfuerzo no abre puertas, el cerebro deja de empujar. Esto se manifiesta en apatía, desafección política, desconfianza institucional y una sensación silenciosa de inutilidad del esfuerzo.

Una ansiedad basal normalizada

Muchos jóvenes viven con un nivel de activación constante, no es ansiedad aguda sino una inquietud de fondo. El cortisol no estalla se mantiene, y un cerebro en alerta prolongada no decide bien, no planifica con claridad y no confía. El mensaje interno sería “No tengo control suficiente sobre mi vida”, y sin percepción de control el cerebro reduce la iniciativa.

Los efectos a largo plazo en una sociedad en modo supervivencia se traduciría en algo que va más allá de lo económico: adultos con dificultad para comprometerse a largo plazo, retraso o renuncia a proyectos vitales (familia, comunidad y pertenencia), desvinculación emocional del sistema social y político y aumento de la desigualdad emocional entre quienes heredan seguridad y quienes no.

Hannah Arendt advertía que “el mayor peligro no es la pobreza, sino la pérdida del mundo común”. Cuando una generación siente que no forma parte del contrato social, no se rebela con violencia sino que se retira por dentro y eso es profundamente desestabilizador para cualquier sociedad.

El ahorro no es solo dinero guardado sino confianza en el mañana. La vivienda no es solo un activo sino pertenencia y arraigo. La estabilidad no es comodidad sino calma neuronal. Cuando estas dimensiones desaparecen el cerebro deja de invertir emocionalmente en el futuro.

Y una sociedad sin inversión emocional entra en una lógica de corto plazo, fragmentada y defensiva. Decía Zygmunt Bauman que, “la inseguridad es el combustible de la modernidad líquida”, pero ningún cerebro humano está diseñado para vivir permanentemente en lo líquido.

Tal vez la pregunta no sea por qué los jóvenes no ahorran. Tal vez la pregunta verdadera sea ¿qué tipo de futuro les estamos permitiendo imaginar? Porque sin futuro imaginable no hay ahorro, sin esperanza creíble no hay compromiso, y sin proyecto compartido, no hay sociedad que se sostenga.

La neurociencia es clara en afirmar que el ser humano necesita algo más que ingresos, necesita sentido, previsibilidad y dignidad temporal. Devolver eso no es solo una cuestión económica. Es una responsabilidad ética. Y sobre todo, humana.

ETIQUETAS
ARTÍCULOS RELACIONADOS
2 Comentarios
  1. Responder

    Elissa Doens

    09/01/2026

    Excelente el análisis!

    • Responder

      Estrella Flores-Carretero

      12/01/2026

      Me alegra que sea de tu agrado Elissa, muchas gracias por tu aporte.

DEJE UN COMENTARIO