ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

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El blog de Estrella

Cuando el fracaso enseña y el éxito susurra

Por el 11/08/2025

Vivimos en un mundo que aplaude el éxito, lo exalta, lo exhibe como un trofeo que confirma que todo lo que hicimos fue correcto. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar con atención que en realidad es en el fracaso donde el aprendizaje se hace más profundo, más incómodo y verdadero.

En el mundo corporativo, Coca-Cola lanzó en 1985 la “New Coke” intentando modernizar su sabor para competir con Pepsi. El rechazo fue inmediato y masivo. Lo que parecía un error monumental se convirtió en una lección estratégica: la marca entendió el valor emocional de su producto original y reforzó su identidad. Años después, aquel fracaso sigue estudiándose como un ejemplo de cómo un error puede fortalecer una marca si se escucha al consumidor.

El éxito nos envuelve en una sensación de certeza que puede ser peligrosa. Nos dice: “lo lograste” y con ese susurro, nos anestesiamos para creer que el camino recorrido es infalible, que nuestras decisiones fueron perfectas y que el método no necesita ajustes.

El éxito alimenta nuestro ego pero rara vez alimenta nuestra mente. Sin embargo, el fracaso nos despoja de las excusas, nos obliga a mirar en el espejo sin filtros, a repensar, a reconstruir y a crecer más rápido. Porque cuando fracasamos la incomodidad es inmediata, la decepción nos quema, la frustración nos encoge y la inseguridad se instala como un huésped indeseado.

Y es aquí donde el aprendizaje ocurre con más fuerza preguntándonos qué hicimos mal, qué no vimos o qué podríamos haber hecho diferente. El fracaso no da respuestas fáciles pero nos hace las preguntas que más importan para no volver a fracasar.

El éxito es un maestro amable pero superficial, premia pero no nos reta, no obliga a afilar nuestras habilidades ni a cuestionar nuestros supuestos, y es por eso que muchas empresas tras un periodo de éxitos consecutivos entran en zonas de confort que acaban debilitándolos, porque creen que repetir lo que funcionó es suficiente, sin percibir que el mundo cambia, que los escenarios mutan y que lo que hoy funciona mañana puede ser obsoleto.

En la historia de los negocios sobran ejemplos. Steve Jobs fue despedido de la propia empresa que fundó, Apple, en 1985. Muchos lo vieron como un final, pero para él fue el inicio de un proceso de reinvención.

Creó NeXT, adquirió Pixar, y años después regresó a Apple con la visión renovada que la llevaría a convertirse en una de las empresas más valiosas del mundo. Jobs decía “no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás.” Y en su caso, esos puntos estaban dibujados por fracasos que terminaron siendo semillas de futuros logros.

En el deporte, Michael Jordan, considerado por muchos el mejor jugador de baloncesto de la historia fue expulsado de su equipo de secundaria por “no tener nivel suficiente”. Años después, resumiría así su filosofía diciendo “he fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces me confiaron el tiro para ganar y fallé. He fracasado una y otra vez en mi vida. Y por eso he tenido éxito.”

También en la vida personal, cada uno de nosotros tiene pequeñas y grandes caídas que nos obligan a reinventarnos. Relaciones que no funcionaron, proyectos que no salieron, decisiones que en su momento parecían definitivas y resultaron ser solo capítulos de aprendizaje. El escritor y filósofo George Santayana lo resumió así: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.”

En la vida personal y en los negocios el fracaso es un laboratorio inigualable, nos enseña a gestionar la incertidumbre, a escuchar más, a planificar mejor y sobre todo, a no temer volver a empezar. El éxito nos da la confianza para movernos, pero es el fracaso el que nos da la sabiduría para no tropezar dos veces en la misma piedra. Siempre digo que “el éxito es un aplauso y el fracaso un maestro. Y un maestro siempre deja mejores lecciones que el aplauso”.

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