ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
Duele la noche

La nueva novela de Estrella Flores-Carretero

‘Duele la noche’

Mira el trailer
Compra «Duele la Noche»
Suscríbete por email

Estas siguiendo este blog

Únete a otros 94 suscriptores
rodearse bien estrella flores carretero
El blog de Estrella

El poder de rodearse bien

Por el 02/06/2025

Hay algo silencioso pero profundamente poderoso en elegir bien a las personas que te rodean. En el mundo empresarial donde las decisiones pesan y el tiempo apremia, no hay margen para improvisar en la construcción del equipo de dirección.

Y sin embargo, demasiadas veces se subestima esa elección. Para mí, rodearse de personas eficientes, capaces, honestas y fieles no es solo una estrategia de liderazgo sino un compromiso vital con la coherencia, con la visión y con el alma de la empresa.

Porque una organización no crece solo por las ideas de su fundador, sino por la calidad humana de quienes la sostienen a diario. Y cuando ese equipo directivo se siente parte de algo más grande, cuando no trabaja “para” una empresa sino “dentro” de ella y es como parte esencial de su latido, todo cambia. La motivación se vuelve genuina, la responsabilidad se transforma en orgullo y el trabajo deja de ser una tarea para convertirse en una causa compartida.

Siempre insisto en esta cita del padre del management moderno Peter Drucker, que decía que “la cultura se come a la estrategia en el desayuno”. Y yo añadiría que esa cultura se construye o se destruye, desde el equipo directivo. Son ellos quienes marcan el tono, quienes comunican sin hablar, quienes replican con su ejemplo los valores o las incoherencias que luego se verán reflejadas en cada rincón de la empresa.

Cuando uno tiene cerca a personas que saben más que uno en ciertos ámbitos, que son mejores incluso en algunas habilidades, que corrigen sin herir, que cuestionan con lealtad, el liderazgo se fortalece. Porque liderar no es imponer sino tener el coraje de escuchar, de confiar, de delegar, y sobre todo de crecer con otros.

Y si hay una gran verdad en el mundo corporativo es que lo que sucede arriba se multiplica abajo. Decía Simon Sinek que “un líder no es responsable del resultado, sino de las personas que consiguen el resultado.” Y yo estoy de acuerdo.

Jim Collins, en su libro Good to Great, advierte: “primero quién, luego qué.” No es lo mismo tener un plan brillante con un equipo mediocre, que un equipo excelente incluso antes de tener el plan definido. Cuando rodeas tu mesa de dirección de personas que no solo saben, sino que sienten la empresa como propia, entonces tienes un escudo contra la incertidumbre y una brújula ética para cada decisión.

En mi experiencia, lo más difícil no ha sido encontrar talento. El mundo está lleno de gente preparada. Lo más difícil ha sido encontrar corazones leales, mentes lúcidas y manos comprometidas. Personas que se queden cuando sopla el viento en contra, que construyan incluso cuando hay dudas, que no teman decirte lo que piensan, pero siempre desde un lugar de amor y no de ego. Personas que no se deslumbren con los aplausos ni se oculten ante el fracaso. Personas que en definitiva, sean tan humanas como profesionales.

Y cuando las encuentras, porque sí existen, no las sueltes. Las cuidas y las haces sentir que su voz importa. Que su rol no es accesorio, sino esencial. Que están construyendo algo contigo, no para ti. Porque el verdadero liderazgo no se mide en cuánto poder tienes, sino en cuánto poder das.

Y si el equipo de dirección está bien elegido y cuidado esa armonía se expande. Como una piedra en el agua, genera ondas de coherencia que llegan a cada empleado, a cada aula, a cada familia, a cada decisión.

Y lo que comienza como una elección estratégica se convierte en una cultura sólida. Una empresa con alma. Un espacio donde se trabaja con sentido, donde la productividad no está reñida con la humanidad. Por eso, cada vez que construyo o reconfiguro un equipo directivo, no busco solo currículos impecables.

Busco miradas honestas, ética sin condiciones, compromiso sin cálculo. Busco personas que entiendan que el éxito colectivo vale más que la gloria individual. Que liderar no es mandar, sino inspirar. En un mundo cada vez más cambiante, rodearse bien no es un lujo. Es una urgencia.

ETIQUETAS
ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJE UN COMENTARIO