ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
Duele la noche

La nueva novela de Estrella Flores-Carretero

‘Duele la noche’

Mira el trailer
Compra «Duele la Noche»
Suscríbete por email

Estas siguiendo este blog

Únete a otros 94 suscriptores
la biologia del poder estrella flores carretero
El blog de Estrella

La biología del poder

Por el 23/02/2026

Llegó a mis manos un libro sobre negocios como llegan algunas señales, sin aviso, con esa certeza suave de que “no lo buscaba pero venía a encontrarme”, y lo abrí, con la curiosidad de quien despliega un mapa ajeno, porque a veces, lo más revelador no es el destino que promete sino la psicología que delata.

Y conforme avanzaba, lo comprendí, no estaba leyendo solo sobre acuerdos y estrategias. Estaba leyendo una manera de habitar en el mundo. El impulso —viejo como el miedo— de agrandar el territorio para no sentirse cercado; de usar la fuerza como palanca para no ser vulnerable, de volverse impredecible para que nadie tenga tiempo de mirar las grietas.

Y detrás de cada “táctica” asomaba lo más humano: un cerebro intentando domesticar la incertidumbre, proteger su identidad y ganar control en un escenario que, a veces, se percibe como batalla.

Entonces seguí leyendo de otro modo. No como quien aprende trucos, sino como quien interpreta señales. Como si cada frase fuera un espejo y al fondo, no estuviera solo el autor, sino algo profundamente nuestro: esa necesidad de sentir que estamos a salvo, que no estamos perdidos, que no estamos cediendo ni  expuestos. Y ahí entendí la cuestión, ¿qué parte de nosotros negocia y qué parte, en realidad, se está defendiendo?

Si miramos desde la neuropsicología lo vuelve evidente: el cerebro no solo negocia dinero, tiempo o condiciones. Negocia seguridad, negocia valor personal y negocia control.

Por eso el cerebro ama las posibilidades porque las posibilidades son oxígeno. “Pensar a lo grande” muchas veces no es solo ambición sino regulación emocional. Es abrir ventanas cuando por dentro sentimos claustrofobia porque cuando ampliamos opciones, activamos el circuito de la anticipación y la mente proyecta futuros. Y se calma por un instante creyendo que hay salidas posibles.

A veces el “plan gigante” no es una meta sino un analgésico contra la sensación de pequeñez. Pero hay un filo: si lo grande nace del vacío, se vuelve huida. Soñar no es inflar el ego; es darle al alma un lugar hacia donde caminar sin temblar.

Pero nuestro cerebro también es social, lee el mundo en claves de estatus, de poder, de pertenencia y de amenaza. “Usar tus ventajas” puede ser inteligencia estratégica o puede ser una armadura intimidadora hacía los otros.

Y la pregunta se vuelve inevitable, porque es la pregunta que separa el liderazgo del abuso: ¿estoy usando mi fuerza para construir acuerdos o para asegurar mi superioridad?

El “cerebro visceral” está lleno de presión.  Neurobiológicamente, la amenaza toca un interruptor primitivo que es la imprevisibilidad, descolocando y rompiendo patrones y activando la hipervigilancia.

Cuando el otro no sabe por dónde vendrás, el cerebro se prepara para el golpe y pierde claridad. Presionar al extremo es empujar al otro a esa zona donde el sistema nervioso deja de pensar con amplitud y empieza a decidir con urgencia, al borde del abismo emocional.

Funciona, sí, pero tiene un precio: la amenaza consigue obediencia, no compromiso. Deja acuerdos frágiles, firmados con el pulso acelerado, sostenidos por miedo o por cansancio. Y el miedo, aunque sea eficaz a corto plazo, suele dejar cuentas pendientes: en la relación y en el propio corazón.

Al final, el ser humano negocia con dos lenguajes a la vez: el de la razón y el de la biología. Y muchas veces, bajo la estrategia, late una necesidad antigua: no perder (miedo), no ser pequeño (identidad), no quedar expuesto (vulnerabilidad) y no ser controlado (autonomía).

Estas claves pueden leerse como tácticas pero también como síntoma de una época. Un tiempo que confunde fuerza con dureza, liderazgo con dominio, y eficacia con presión deja de ser tan humano. Y aun así, si las miramos con conciencia, puede convertirse en que pensar en grande es “visión” siempre que no sea soberbia.

Usar las ventajas es inteligencia siempre que no sea abuso y ser impredecible es creatividad siempre que no sea amenaza. Porque el cerebro puede ganar batallas y aun así perder lo esencial: la confianza, la cooperación y la paz interna. Y quizá la negociación más decisiva sea con uno mismo, con esa parte que quiere controlarlo todo porque teme romperse.

ETIQUETAS
ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJE UN COMENTARIO