ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

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El blog de Estrella

El optimismo que sostiene

Por el 02/02/2026

Hay empresas que no se rompen por falta de talento sino por falta de motivación, por falta de una energía interna que las sostenga cuando el viento cambia, cuando el mercado aprieta, cuando el equipo se cansa y cuando la incertidumbre se vuelve rutina. Y ahí aparece una palabra que muchos malinterpretan:optimismo.

El optimismo no es ingenuidad, ni negación de los problemas, ni reírse de todo, ni mirar la vida a través de cristales de color rosa. El optimismo desde mi perspectiva es necesario en un líder, y un líder optimista es aquel que ve la realidad como es y sostener la posibilidad de que puede mejorar. Y eso desde la neurociencia es una estrategia de supervivencia y de rendimiento.

Cuando una empresa entra en turbulencia lo primero que se altera es el sistema nervioso de todos aquellos que la componen, porque como siempre digo, la empresa está formada por personas.

El cerebro humano está diseñado para detectar amenazas y ante la amenaza cambia de modo de actuar y se vuelve más defensivo, más reactivo y rígido, aumentando la vigilancia, estrechando la atención y trasladando mensajes a la mente desde el “¿y si sale mal?”.

Esto es biológico y tiene consecuencias prácticas que se manifiestan en una disminución de la creatividad, un endurecimiento de las conversaciones, y una multiplicación de las interpretaciones negativas y en desconfianza.

Por eso el optimismo es tan relevante en liderazgo. No porque “anime”, sino porque regula el clima neuroemocional del equipo. Y un equipo con el sistema nervioso en calma piensa mejor, colabora mejor y decide mejor.

El líder optimista no promete que todo irá bien sino algo más valiente: “vamos a atravesarlo juntos, buscar soluciones y aprender”.

Ese mensaje genera un efecto crucial que llamamos seguridad psicológica. Cuando las personas sienten que pueden hablar, proponer, equivocarse y ser escuchadas, baja la alarma interna, y cuando baja la alarma, el cerebro recupera su parte más lúcida: la que integra, planifica, prioriza y crea alternativas.

Transmitir optimismo es ayudar al cerebro del otro a salir del estado de amenaza y volver al estado de posibilidades. Somos más “tribu” de lo que creemos. La neurociencia lo confirma: el cerebro es social, y el estado emocional de un líder se filtra en el equipo con una facilidad asombrosa. A veces no hace falta decir nada: el tono, la mirada, el ritmo, la forma de responder o la manera de entrar a una sala.

Un líder que comunica desesperanza genera un equipo hipervigilante, sin embargo la calma y la dirección reduce el ruido interno de todos. Por eso el optimismo es una responsabilidad porque un verdadero líder gestiona estados.

El optimismo no es un rasgo con el que se nace, como ser alto o bajo: se entrena. Aunque influyan la genética y la educación, el cerebro puede crear nuevas rutas mentales gracias a su plasticidad. Cultivarlo implica flexibilidad para no quedarse en una sola interpretación, buscar alternativas haciendo preguntas útiles,centrarse en lo que sí se puede cambiary usar un lenguaje constructivo y claro. Un líder optimista no minimiza: reconoce la realidad y responde con acción: “pasa esto… y vamos a actuar”.

Un líder optimista debe practicar la pausa, porque la impaciencia nace del estrés y este hace decidir rápido desde el miedo, justo cuando “la emoción está alta y la claridad está baja”.

Los errores y los baches no se evitan sino que se procesan con madurez. El líder optimista aprende sin castigarse, corrige el rumbo y pone su energía en lo posible, porque el optimismo maduro es menos orgulloso y más evolucionado.

Mirar al futuro es encender esperanza con un mapa en la mano: metas claras, pasos compartidos y avances medidos, para que el equipo no se alimente de humo sino de dirección y confianza real.

El optimismo se nutre fundamentalmente del trato humano: escuchar, respetar y agradecer de verdad. Decir “te veo” regula y enciende esperanza, porque el optimismo no es solo pensamiento: es vínculo.

El líder marca el pulso emocional del equipo porque con esperanza realista se atreve. El optimismo no asegura el éxito pero crea el terreno para que sea posible, hay menos miedo, más creatividad, colaboración y constancia.

Al final, liderar es enseñar a respirar más y seguir. Viktor Frankl decía: “la última de las libertades humanas es elegir nuestra actitud ante cualquier circunstancia.” Porque, en definitiva esto es lo que importa.

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