Escritores raros, raros, raros…
Cada uno tiene su peculiar forma de ser, pero a mí me sorprenden esos escritores raros, huraños, que jamás conceden una entrevista, que parecen asustarse del mundo que les rodea y molestarles su propia popularidad.
Es cierto que promocionar una novela resulta cansado, a veces repetitivo, pero ¡muy halagador! En estos días del lanzamiento de Piel de agua en Estados Unidos me han hecho muchas entrevistas en prensa, medios digitales, radio y televisión, y he tenido la suerte de conocer a periodistas interesantes, de compartir mesa con colegas y personas de otras profesiones, de relacionarme con famosos. Y eso a mí me parece muy enriquecedor. Confieso que me divierte.
Sin embargo, hay escritores que se toman el tiempo de promoción como una imposición insoportable, una tortura. Y se les nota. En las entrevistas contestan airados al periodista que hace su trabajo, van a lo que van, directamente, y solo quieren acabar con el interrogatorio para volver cuanto antes a su enclaustramiento.
Escritores enfadados
Casos de escritores raros ha habido y hay muchos. Juan Carlos Onetti, por ejemplo, era un genial escritor y un pésimo vendedor de sí mismo. Más de una vez dejó plantados a quienes iban a rendirle un homenaje. Incluso sus escogidos amigos le llamaban «juntasilencios». Otro ejemplo de rareza es Elifred Jelinek, la premio nobel, que no acudió a recoger el galardón aduciendo fobia social. Y en la cima de los huraños está Thomas Pynchon, que no concede entrevistas y que no se deja fotografiar. En la serie de Los Simpsons hubo un capítulo en el que Pynchon era caracterizado con una bolsa de papel en la cabeza para que no se le reconociera.
Supongo que si eres raro, raro, puedes llegar a conseguir lo contrario de lo que buscas; es decir, ser perseguido por hordas de fotógrafos que quieren robarte una foto, crear más expectación con cada libro… El papel de escritor clandestino te convierte en protagonista. Eso sí, una vez que ya eres célebre.
Con independencia de la personalidad de cada uno, creo que todos los escritores escribimos con el mismo fin: queremos que nos lean. Y por supuesto, también queremos vender. Personalmente, me gusta conocer gente nueva, conversar, compartir… Yo no soy huraña en mi día a día y no pienso serlo como escritora.
Julia Ojidos
Reblogueó esto en Julia Ojidos.
Eduardo Litrán
Se puede decir más alto pero no más claro, Estrella.
Yo soy un escritor luchando por salir de la crisálida sin el apoyo de una editorial. Como tal puedo asegurar que un escritor huraño ante los medios no sabe valorar las acciones que le van a llevar a lo que necesita: lectores.
En el fondo es una cuestión de respeto y coherencia. Si no quieres la notoriedad necesaria para vender libros, no publiques; resérvale tus obras a los amigos. Y si la quieres, sé coherente y respeta a los periodistas y a los editores que te avalan.
Un placer conocerte, Estrella.
Eduardo Litrán
Estrella Flores-Carretero
Gracias por comentar. Estamos totalmente de acuerdo. Te deseo mucha suerte. Un abrazo.