ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
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El blog de Estrella

Cuando todos piensan igual, nadie piensa

Por el 18/05/2022

Pretender adaptar la opinión individual a la del grupo podría parecer bueno para el funcionamiento empresarial, pero ocurre justo lo contrario: las personas que evitan disentir y buscan integrarse en la mayoría anulan su pensamiento crítico.

Los estudios psicológicos y sociológicos están llenos de ejemplos en los que el deseo de pertenencia al grupo condiciona de tal forma al individuo que percibe una realidad sesgada y actúa de manera contraria a lo que piensa. Así ocurre en la famosa paradoja de Abilene, esa anécdota que relató Jerry B. Harvey, profesor y psicólogo norteamericano experto en comportamiento organizacional, en la que una familia decide con entusiasmo ir a comer a un lugar distante, caluroso, por un camino penoso, y solo al regresar a casa se dan cuenta de que ninguno quería realmente ir hasta Abilene, pero les había parecido buena idea porque pensaban que les gustaría a los demás.

Aunque la cohesión del equipo resulte muy deseable en toda empresa, esto puede hacer que se tomen peores decisiones tan solo por adecuarnos a la mayoría, a nuestros amigos, colegas… a los que estamos unidos. Sin percatarnos, buscamos no disentir y eso elimina los puntos de vista alternativos. ¿Cómo mantener la unidad sin perder objetividad, creatividad, innovación y espíritu crítico?

Ser diversos

Los equipos compuestos por personas de diferentes edades, orientaciones sexuales, culturas, etnias, creencias, formación… tienen muchas más probabilidades de evitar el pensamiento grupal. Un estudio de la consultora Deloitte demostró que los trabajadores que sienten que su empresa está comprometida con la diversidad y la inclusión son hasta un 35 % más innovadores. Otra investigación de Cloverpop, una plataforma experta en decisiones empresariales, reveló que los grupos diversos aciertan en sus soluciones un 60 % más que los grupos homogéneos y, además, se muestran más colaborativos para el trabajo en equipo.

Diseñar una estrategia

Las empresas que deseen huir del llamado groupthink deben tener una estrategia explícita en la que quede claro que escuchan a todo el mundo y que las opiniones contrarias son tomadas en consideración. Por ejemplo, además de las reuniones de grupo, es bueno hacer reuniones pequeñas o incluso individuales para quienes son reacios a hablar en público. Hay que pedir pareceres en contra, preguntar qué podría ser un error, solicitar abogados del diablo… No se debe empezar explicando la idea de la compañía, sino preguntando a los trabajadores su visión, premiar la diferencia y valorar las ideas disidentes. Y otra cosa: los líderes deben ser los últimos en hablar. 

Ofrecer capacitación

A menudo, detrás de una actitud de silencio, de apuntarse siempre al carro del vencedor o de integrarse sin más en el rebaño, lo que subyace no es otra cosa que la inseguridad en los propios conocimientos y capacidades. Las personas bien formadas tienen más recursos para ver otras vías, para descubrir nuevas formas de abordar los problemas, para anticipar las dificultades.

Y no perdamos de vista que el mejor método de trabajo es aquel que nunca se acomoda, el que todo lo cuestiona y el que, por si acaso, tiene siempre presente esta frase de Montesquieu:

«Allí donde hay más acuerdos es también donde hay menos cordura».

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