ESTRELLA FLORES-CARRETERO
MADRID

Soy psicóloga, profesora, empresaria y escritora, aunque no necesariamente por ese orden. Tengo tres novelas publicadas: «Duele la noche», «Piel de agua» y «Días de sal».

Duele la noche
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El blog de Estrella

Parejas en el lugar de trabajo: ¿Un riesgo para la empresa?

Por el 20/07/2022

Al menos un tercio de las horas de cada día las pasamos en la empresa, así que no es raro que surjan relaciones amorosas en este espacio. Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 13 % de los trabajadores han conocido a su pareja en el lugar de trabajo. Sin embargo, la mayoría de nosotros hemos vivido estas situaciones, si no personalmente, sí a nuestro alrededor, y hemos comprobado que tanto si el romance culmina con una feliz estabilidad como si lo hace con una ruptura legendaria, suele provocar tensiones, injusticias, menor rendimiento, ocultación de errores, suspicacias, conflictos de intereses…

En España no existe ninguna prohibición legal que impida mantener una relación sentimental entre empleados ni siquiera con diferencia jerárquica; sin embargo, en Estados Unidos, por ejemplo, es habitual que los trabajadores estén obligados, antes de su contratación, a declarar que no existen relaciones amorosas con alguien de la empresa, a acatar la prohibición absoluta de tenerlas y a firmar que abandonarán la compañía en caso de casarse con un compañero o compañera. Cada día más y más corporaciones establecen políticas al respecto.

Los problemas más habituales

El primero, la bajada de la productividad. No me refiero solo a la pareja enamorada en esos primeros tiempos en los que las hormonas hacen de las suyas, sino también en su entorno. Con toda probabilidad, la situación generará en el equipo chismorreo, susceptibilidades, alianzas a favor y en contra… Otro problema es que resulta prácticamente imposible que un miembro de la pareja no revele información confidencial al otro. 

Está, además, la ocultación de fallos cuando son cometidos por alguien querido, la falta de cooperación para resolver conflictos o la objetividad para detectar errores. Se dan casos en que los líderes se ven maniatados a la hora de tomar decisiones que afecten negativamente a un miembro de la pareja porque se encontrarán con la otra parte enfrente.

Es habitual, también, que se generen conflictos para gestionar turnos y vacaciones. A veces, puede haber conductas afectuosas que causan incomodidad al resto. Muy a menudo, se percibe trato de favor hacia la pareja cuando uno de ellos ocupa un puesto directivo… En fin, que son muchos los casos en los que tener a dos trabajadores sentimentalmente unidos perjudica al resto del equipo y, por consiguiente, a la empresa.

Gestión emocional

No es asunto de nadie meterse en la vida amorosa de los demás, pero los líderes y gestores de recursos humanos deben estar atentos porque estas situaciones pueden generar graves perjuicios. Cuando la productividad baja o cuando se reciben quejas de otros empleados, hay que tomar cartas en el asunto y hablar con la claridad suficiente y el control de emociones necesario: «Tu vida amorosa es asunto tuyo, pero sé que la productividad ha caído…, he recibido quejas de…, se está creando un conflicto con…». A partir de ahí, habrá que exigir que las personas involucradas se comporten de manera profesional en su trabajo y, entre todos, buscar soluciones. 

Una empresa no es una ONG

Y no debería serlo, porque toda empresa privada tiene la misión de crear valor para sus consumidores o usuarios y producir bienes o servicios que contribuyan al progreso de la sociedad. Además, asume un importante riesgo económico en el que pone en juego su capital, el de su familia o el de los socios y accionistas con el fin de poder pagar a los trabajadores, acreedores, proveedores…, hacer frente a los impuestos, financiar materias primas, costear la sede, conseguir permisos y certificaciones, etc., etc., etc. 

De manera que el empresario, con todo el respeto a la vida personal de sus empleados y al Estatuto de los Trabajadores, puede y debe tomar medidas para evitar que las relaciones sentimentales afecten a la productividad, a la imagen corporativa, al bienestar del equipo y a la atención al cliente. 

El amor surge cuando menos lo esperamos, pero en ningún caso puede desviar el rumbo de una empresa. 

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